viernes, 28 de noviembre de 2008

Por el poder de Grayskull!

Diario, esto se empieza a poner bueno. Hoy salí a la lí-lí-lí nea y por el solo hecho de hacerlo, al constatar mi supremacía en la conducción, me entregaron el cetro del poder. Lo blandí cual guitarra metalera en lo alto al tiempo que gritaba “¡ahora tengo el poder, hijosdeunagranputa!” mientras mi compañero me miraba con desdén e incomprensión. Lo entiendo. Los entiendo. Ellos no conocen mis facultades.

Evidentemente el cetro no tiene un poder inmanente sino tan solo simbólico (yo soy muy “bólico”, en cambio) no es más que el reconocimiento explícito del tácito acuerdo sobre el predominio que ejerzo. ¿Sobre qué? Sobre las minas, los canelones y el metal, claro.

No voy a separarme jamás del báculo, jamás. Tiene unas letras grabadas en él, supongo que algún tipo de caracter francmasónico del siglo XIV transmitido por el granito a través de generaciones de A, mis ancestros de los caminos.

Sin embargo, mi socio pareció no comprender este tributo a mi excelencia, ya que al aproximarnos a la siguiente estación dijo, con la misma indiferencia con que uno se dirige a un ser rastrero cualquiera, que le alcanzara “el palo staff”. ¡Jajaja! ¡Alcanzarle el palo staff! Debió estar bromeando, en primer lugar, por llamarle de esa manera ridícula y en segundo, por siquiera insinuar que yo podía entregárselo. ¿Es esa manera de hablarle al monarca de los rieles?

Le encajé el palo en el orto, lo obligué a postrarse y cocinarme unos canelones en la sala de máquinas de la 1500 y me deshice de él tras enseñarle la sumisión (tal era su misión) al soberano de los carriles. Y seguí viaje. Pero mañana… mañana será orto día, diario

lunes, 18 de agosto de 2008

The Ballad of Jorge A




Querido diario, hoy comienza nuestra aventura en este nuevo empleo. Te cuento que no me gustan los trenes sino el metal, pero Sabbath ya tenía guitarrista, me estaban comiendo los piojos y tuve que tomar este trabajo de conducir locomotoras para parar la olla (y mantener de este modo la dinastía A)

Aún no he conducido nada, claro, apenas estoy en el período de práctica, pero parece fácil: llave de campo arriba, inversora atrás, F.A.V. desahogado y lo mejor, regulador al punto 8 y a la mierda, ya estamos en marcha. El instructor habló también del “hombre muerto”; desconozco el concepto pero entiendo que cualquiera que se interponga en el camino del gran A puede convertirse en “hombre muerto” eventualmente.

La muerte es todo un tema, ahora que lo pienso. No lo había pensado antes, por cierto.

Pero no quiero dispersarme. Estoy leyendo el reglamento. ¡Cuántas patrañas! Parece diseñado para fastidiar a Jorge A, no para operar con eficiencia el sistema. Ya he subrayado varios pasajes que no pienso respetar: precauciones ridículas en pasos a nivel, eso de que una estación fuera de servicio ponga las señales de entrada a “vía libre” pero se deban tomar como si estuvieran a “peligro”… ¡las bolas, mirá si voy a parar frente a una señal baja! Y eso de los cuetes me encantó. “Petardo” le llaman. Jorge llama “petardo” a lo que los chupapija de sus compañeros le harán para rendir tributo a su ejemplar conducta laboral.. ja,ja.. diario, esto entre vos y yo: pronto, muy pronto, vamos a dominarlos a todos, vos como mi respaldo teórico y yo como el supremo maestro de la conducción de locomotoras. Pero los palurdos ni lo sospechan. Mejor así. Esto se parece al diario de Hitler. Bien, suficiente por hoy. A la moto, a clavarse unos canelones y a la cama que mañana será orto día (¿no soy genial?)

¿Qué miran? ¿Eh?